Emprender de la mano del Señor implica despojarnos de muchas comodidades, como la pereza y el solo querer anhelar cosas, y atrevernos a dar pasos de fe; y todo lo que hagamos, hacerlo para dar gloria a su nombre, pues por él y para él son hechas todas las cosas. Emprender también, como nos dice en Eclesiastés, debemos estar atentas a qué otras oportunidades de negocio podemos hacer a la par y no depender solo de una fuente de ingreso. Sembremos buenas semillas, que son aquellas las que darán fruto; que las cuidemos y a su debido tiempo florecerá; de estar apercibidas con otras oportunidades de negocio que pueden salir de un emprendimiento: otra línea de productos, un nuevo servicio, un producto complementario. De modo que lo que emprendas se convierta en un sistema que inicialmente resolvía un problema y luego pueda resolver diversos problemas específicos.
Por otro lado, en 2.ª de Corintios nos recuerda que debemos dar desprendidamente y en abundancia, porque de la misma intensidad con la que demos, así también cosecharemos. ¿Estás dando lo mejor de ti en cada emprendimiento que tienes? ¿Crees que pudiste haberlo hecho mejor? Hay una línea muy delgada entre el hecho de dar lo mejor y no iniciar algo porque no sea suficiente. Inicia, y será el Señor guiándonos a dar cada vez más de nosotros, desprendidamente, sin esperar una recompensa, pues ya lo tenemos todo en Cristo: somos hijas del Dios vivo, creador de los cielos y la tierra; en el Hijo lo tenemos todo. Pero ¿le creemos? Dios nos seguirá capacitando para administrar lo que hasta el día de hoy tenemos y, conforme sigamos creciendo en él, nos irá confiando más.
Emprender no es para cumplir o lograr nuestros objetivos, sino para que el nombre de Dios sea exaltado. Implica desprendernos de todo reconocimiento humano que queramos recibir y entregárselo al Señor; y él, quien no es deudor de nada, nos dará lo que necesitamos, no lo que le pedimos. Juan el Bautista abrió el camino al Mesías anunciando el arrepentimiento, y dijo:
Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.
Juan 3:30
Pues el Mesías vino, consumado es; nos dio el acceso inmerecido hoy a su presencia. Qué hermoso que pueda usarnos a nosotros, personas comunes y corrientes, para ser parte de su propósito y anunciar las buenas nuevas: nuestro Señor vino y regresará.
Pero Dios escogió lo tonto del mundo para avergonzar a los sabios, y escogió lo débil del mundo para avergonzar a los poderosos.
1 Corintios 1:27
Emprender es hermoso, y en donde sea que estemos, estamos llamadas a anunciar a nuestro Rey de reyes, Señor de señores, Jesucristo, el camino, la verdad y la vida; y a servirle con negocios que honren su nombre, amando al prójimo, escuchando las necesidades de los clientes o posibles clientes, creando productos y servicios que resuelvan un problema real y no sean uno más del montón; escuchando con atención, siendo diligentes y excelentes en cada momento.
Y mientras eso sucede, siempre está esta pregunta: ¿cómo sigo al Señor sin anhelar las riquezas, pero también sin ser conformista? Una pregunta que sale de lo más profundo de nuestro corazón. No hay una respuesta más que la que Dios trabaja con cada una de nosotras en su palabra, porque él nos conoce mejor que nadie, incluso mejor que nosotras mismas. Jesús nos dejó el manual de vida en su palabra, la que nos ayuda a discernir a medida que vamos creciendo en él. No permitamos que el afán nos gane.
Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.
Mateo 6:34
Cada día implica muchas preocupaciones de nuestra parte al emprender: si llegaremos a la meta de facturación, pagar impuestos, quedar bien con un cliente, cerrar una nueva venta, crear un nuevo servicio, estar en redes sociales, grabar contenido, leer los mensajes de clientes, etcétera. Pero la palabra del Señor nos invita a descansar en él sin dejar de ser diligentes, y nos recuerda que no podemos con todo; pero aquel a quien servimos, nuestro Dios todopoderoso, él sí puede, y su voluntad es buena, agradable y perfecta. Y que podamos ir confiadamente a su trono, llevando todo pensamiento cautivo a la cruz de Cristo, porque todo fue ya pagado y vencido en la cruz del Calvario. Tenemos una nueva vida en él, pensamiento que nos invita a ver que no requerimos un checklist ni una lista de metas, sino solo a él; a esforzarnos y ser valientes para seguir con una mente enfocada en nuestro Señor y Salvador Jesús.
Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.
2 Corintios 10:5
Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.
1 Corintios 2:16
Que aun en medio de la incertidumbre, en medio de la confusión, de las inseguridades, podamos acercarnos con confianza al Señor, para que él vaya revelando todo lo que aún gobierna nuestro corazón, y podamos servirle en espíritu y en verdad, y entregarnos como sacrificio vivo, santo y sin mancha a los pies de Cristo. Y que todo lo que hagamos en los negocios sea de olor grato al Señor; que nuestra mirada, mente y corazón estén enfocados en Cristo, porque solo una cosa es necesaria.
38Aconteció que, yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. 39Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. 40Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. 41Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. 42Pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.
Lucas 10:38-42
Que no se turbe nuestra alma por lo que no es primordial; que el Señor siga haciendo de nosotras vasijas moldeables a sus manos, refine nuestra fe como el oro fino, y podamos cumplir el llamado de todo cristiano: hacer la gran comisión.
Recordemos que no hacemos negocios para ganar reconocimiento terrenal o llenarnos de riquezas materiales, pues aquí todo se queda cuando uno se va: nada nos llevamos. Cuando nuestra mirada está en el Reino de los cielos, emprender se torna incluso en seguir ganando más almas para Cristo, compartir el evangelio y ser parte de ese llamado que cada uno tiene. Que nuestro corazón no ame las riquezas, sino que las usemos sabiamente, en lo poco y en lo mucho, y que nuestra fidelidad hacia Dios sea nuestro anhelo.
19No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; 20sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. 21Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.
Mateo 6:19-21
Cristo es quien lo llena todo; en él somos suficientes, no por los resultados de la empresa que dirigimos. Pero que eso no sea para acomodarnos en esa zona de comodidad, sino que ahora, como nuevas criaturas y con la mente en Cristo, podamos crecer con nuestros negocios con un corazón rendido a la voluntad del Padre, trabajando con estrategias celestiales y no humanas. Cristo es el pan que descendió del cielo para darnos vida eterna; que nuestra mente no esté llena solo de versículos de memoria, sino de obediencia a ellos.
Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. Mas os he dicho que, aunque me habéis visto, no creéis. Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera. Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.
Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. Y esta es la voluntad del que me ha enviado: que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.
Juan 6:35-40
Aprendamos, con la ayuda de Dios, a estar firmes en su camino, y que el amado Espíritu Santo de Dios traiga convicción de cada pecado en nuestras vidas. La gracia de Dios es inmerecida; nos ayuda a seguir en nuestros quehaceres, incluido el negocio, para emprender con sabiduría, entendiendo cómo funciona el mercado, implementando estrategias para que dejen de ser solo un emprendimiento y se conviertan en un negocio que pueda dar trabajo a otros, resolver problemas y ser promotor de múltiples cosas que el Señor coloque en nuestros corazones. Pero, por encima de ello, que Dios trabaje en nosotros un corazón rendido a su voluntad, incluso si eso implica, en unos meses o años, entregarle el mismo negocio. Porque no se trata de lo que hacemos, sino de a quién decidimos obedecer.
Que dependamos de él para toda decisión, así como Cristo dependió del Padre hasta que la ira de Dios Padre estuvo sobre él; que podamos ser seguidores que se nieguen a sí mismos y carguemos nuestra cruz; y sea nuestro amado Dios formando en nosotras mujeres hijas de Dios, emprendedoras con sabiduría que viene del cielo. Que cualquier autosuficiencia o confianza en nuestro propio conocimiento podamos llevarla a Jesús; que nos haga cada día más humildes, como Cristo, quien siendo Dios vino para dar su vida por nosotros.
Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.
Filipenses 2:5-11
Y podamos comprar de lo que él nos da gratuitamente en el Hijo.
15Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! 16Así, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. 17Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.
18Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. 19Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete.
20He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. 21Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. 22El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.
Apocalipsis 3:15-22